Desde que era pequeño tenía un sueño, que era ser portero. Todos los días iba a entrenar, mi padre me solía echar unos tiros, en unas campas que está al lado de mi casa en Donostia. Cada vez que pasaba por la A- en dirección a Eibar y veía el campo del Zarautz, pensaba que algún día estaría yo allí, defendiendo una de las porterías en ese campo tan grande de hierba natural. Siempre que entrenaba tenía esa meta en la cabeza, la de llegar a jugar allí.
Me empecé a aficionar al fútbol porque mis amigos solíamos jugar en el patio. Además de eso, porque era un deporte muy seguido en todo el mundo. Sobre todo, mi padre alucinaba cuando a mí, en vez de gustarme un jugador cómo jugaba, prefería ver a un portero. Desde bien niño Iker Casillas ha sido mi portero favorito. En primero me apunté a la escuela de fútbol, y estuve todo el a´ño entrenando de portero. En segundo me fui a ibar y en tercero me apunté a Multideporte. Jugué de portero.
En sexto me cogieron para el Eibar y todavía seguía soñado con algún día llegar a ese campo. Y como en una película, ese día llegó. Era semana santa, y el entrenador me dijo que tenia que ir a Zarautz a jugar con los mayores un torneo, y entonces fui. El campo era muy grande y jugamos el primer partido – yo no jugué -. El segundo, jugamos contra la Real, y ahí sí jugué. Ellos nunca le habían ganado a la Real. Mi sueño se estaba haciendo realidad, entonces pasaron los minutos, el marcador 0 – 0, había penalti a favor nuestro y metimos. Yo estaba jugando muy bien y el equipo también. Era el último minuto, me echaron de fuera del área, la paré pero la eché a corner. Subió el portero a rematar, centraron el balón, y entonces, me remató de cabeza y yo la paré bajo los palos. La defensa la sacó y se pitó el final. Estaba muy contento y todos me felicitaron.
Llegamos a la final y me tocó jugarla a mí. Jugamos en el campo de hierba natural yo estaba muy nervioso porque era contra el Osasuna. Estaba haciendo un gran partido y de pronto me metieron. Entonces, me desanimé. El otro portero me dijo: “Diego, no te desanimes, que gracias a ti le hemos ganado a la Real”. Me di cuenta de eso, y empecé a animar al equipo, y entonces metimos nosotros., Forzamos la prórroga, no pasó nada y fuimos a los penaltis. Echamos todos los de mi equipo, y me tocaba echar a mí. Me puse nervioso, pero pensé que al lado del poste era muy difícil, y la eché ahí, y la metí.
Le tocaba echar al portero del otro equipo. Me puse bajo los palos, miré al árbitro, luego al balón, y luego al portero. Entonces pitó y pensé: “me voy a tirar a la izquierda, que sea lo que Dios quiera”. Me tiré y veía que la había echado al medio, entonces estiré los pies y la paré. Todos me felicitaron y se pusieron muy contentos.
Por este tipo de cosas me gusta ser portero, aunque a veces tenga sus ratos malos. Y sobre todo, lo que más me gusta, es el fútbol.
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