Para mí algo sagrado es mi diario, porque escribo allí casi todos los días las cosas que me suelen pasar durante la semana. Me lo regaló mi abuela cuando tenía 5 años. Yo pensaba que era un cuaderno para dibujar, pero mi abuela me explicó para qué servía: tenía que escribir en él cosas que me habían pasado durante el día, o hacer dibujos que me gustaran. Me dijo también que podía escribir secretos y que nadie debería leerlos.
Me gustó mucho porque por fuera era todo rosa y por dentro, por las esquinas, tenía dibujitos pequeños. También tenía un olor a fresas y yo pensaba que olía así porque el diario era rosa. Este diario me encanta porque tiene todo lo que me gusta: color rosa, hojas coloridas y dibujadas…
Cuando me lo regalaron, empecé a escribir en él de vez en cuando, y a dibujar casi todos los días. Me hacía mucha ilusión tener un cuaderno tan colorido y gordo porque nunca antes había tenido nada parecido. Cuando lo miro me vienen muchos recuerdos, y al ver esa letra que tenía antes, pienso cómo los profesores podían entenderla. También intentaba copiar el mismo dibujo que estaba en las esquinas de la hoja, pero no me salía ni una vez.
Una vez cuando tenía 7 años perdí el diario y entonces empecé a llorar. A la tarde, cuando regresé a casa, mi hermano lo había encontrado y me dijo que estaba en una esquina de la cama, y lo encontró porque se veía un trocito de su tapa rosa. Ese día me di cuenta que ese diario era muy importante para mí, y entonces decidí guardarlo siempre en el mismo cajón para no perderlo nunca jamás.
Cuando tenía 9-10 años me di cuenta que una larga temporada no le había hecho mucho cas. No escribía porque no tenía mucho tiempo y porque no me habían pasado cosas interesantes. Ahora pienso que la verdad era que no apetecía escribir y prefería ver la televisión o jugar con mi hermano.
Desde el año pasado escribo cosas más interesantes y ya no hago dibujos en él. Casi siempre escribo los domingos porque es entonces cuando acaba la semana y tengo más tiempo. Me gusta escribir cada semana con un bolígrafo de distinto color, así me queda más colorido y muy bonito.
Muchas veces, en vez de escribir, suelo ir al principio y empiezo a leer lo que he escrito otros años. Entre lo que leo y el olor que todavía tiene de fresa, me vienen muchos buenos recuerdos. Casi todo lo que tengo escrito son cosas buenas; las malas prefiero olvidarlas y por eso no las escribo. Cada vez escribo mejor, porque me doy cuenta que antes solía escribir pero sin pensar las frases, y a veces me cuesta entender lo que quería decir. Pero como son cosas que me han pasado a mí, ya sé lo que intentaba decir. Me suelo reír bastante cuando leo lo que escribía.
Me da mucha pena acabar este diario porque toda mi vida escrita en él, y es la única cosa que me dio mi abuela cuando yo tenía 5 años. Cuando se acabe voy a comprarme otro para poder seguir escribiendo. Todavía me quedan muchas hojas para poder contar lo que yo quiera.
Para mí este diario es sagrado porque nadie debe leerlo. Es algo mío, debe ser respetado. Es un trocito de mi vida, y por ello es muy importante. Cualquier diario es individual, íntimo, personal, secreto… y aunqe queramos leer los diarios de los demás, no debemos.
Ione Larrauri DBH2-C

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