domingo, 9 de septiembre de 2012

Sombra y luz





Era un día lluvioso, el cielo estaba negro como si alguien se hubiese tragado toda la felicidad del mundo, y ahí estaba yo, sentado en mi silla de terciopelo blanco delante de un ventanal que cubría toda la pared. Aquel día no era uno cualquiera: yo llevaba mi mejor camisa ya que en media hora tenía una importante entrevista de trabajo. En aquel momento, mientras miraba por el ventanal cómo la lluvia inundaba toda la acera, pensé que ya nada valía la pena. Mi vida era un pozo de nubes negras que no acababa nunca.

De pronto, mi taxista llamó para que bajara. Con un movimiento lento fui hacia el perchero a coger la chaqueta, y al ir a cerrar la puerta para salir de casa, allí apareció ella, con su falsa sonrisa, mirándome como si no pasara nada. Al mirarla, recordé todo el daño que me había hecho, y que por su culpa me había planteado... Entonces, con una lenta lágrima que se deslizaba por mi mejilla, sin dirigirle la mirada, seguí mi camino, bajando lentamente las escaleras. Llegué a la acera y allí delante estaba el taxi. El taxista parecía enfadado. A punto de entrar en el vehículo, él dio un acelerón y toda la camisa se me manchó de agua gris. Entonces le dije al taxista que se marchara, y volví a casa.

Me sentí un hombre gafe y sin suerte, y como aquella era la última oportunidad que tenía de encontrar un trabajo, me limité a hacer lo que me dijo el corazón. Fui al baño, y con lágrimas por toda la cara me quité la camisa y con el cuchillo del botiquín lo hice, me corté las venas. Al darme cuenta de lo que había hecho me arrepentí, y quería pararlo, pero era tarde. Corriendo, mientras me desangraba, le di un beso a la cruz que llevaba colgada del cuello, y entonces subí a la barandilla de mi querido ventanal, y me tiré. En aquel momento se me pasó toda la vida por delante, y antes de tocar el suelo vi un túnel que al final tenía una pequeña luz que cada vez se hacía más grande, y según lo vi supe que había tomado la mejor decisión de mi vida.







Aquel día tuve un sueño espectacular.

Soñé con un hermosa mariposa que se posaba suavemente en mi dedo índice. Era preciosa, ss delicados colores me llenaban de alegría y felicidad. Mientras se posaba lentamente en mi dedo, abrí mis claros ojos azules y desperté de aquel maravilloso sueño. Lo primero que vi al abrir los ojos fue el techo de mi cálida y acogedora habitación. Entonces arrastré las sábanas hasta el final de la cama y con un lento movimiento me incorporé para poder calzarme con las zapatillas de terciopelo rojo que tenía debajo de la cama. Tras aquello, fui a la cocina mientras me ponía la mano delante de mis suaves labios para disimular un gran bostezo. Al llegar a la cocina, abrí el cajón donde se encuentran las tazas de café y cogí una mientras con el otro brazo abría el frigorífico para sacar la leche. Tras acabar de prepararme mi delicioso desayuno diario, me senté en la mesa frentea la televisión, pero no la encendí.

No podía dejar de pensar en aquel especial sueño que me había dejado una extraña sensación en mi interior. Al acabar de desayunar, cogí mi cazadora vaquera y me dirigí al césped que está a dos calles de mi casa. Cuando llegué a aquel montón de yerba verde me tire en plancha. En aquel momento estaba tan a gusto que cuando dirigí la mirada hacia arriba y miré aquel hermoso y despejado cielo azul creí que estaba en las nubes. En el acto sentí un ligero cosquilleo en mi dedo índice, y cuando me incorporé para mirar qué era lo que me lo producía, me di cuenta que era ella, la hermosa mariposa de mi sueño! Tenía los mismos especiales colores cálidos que me hacían sentir tanta alegría. Me quedé mirándola un rato, y me di cuenta de que estaba viviendo la misma escena de mi precioso sueño. !No me lo podía creer, por un momento pensé que tenía poder para ver el futuro, pero luego me di cuenta de que es cierto que “ los sueños se hacen realidad”.


Andrea García DBH2-C

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