Cuando era pequeño encontré una grande y gruesa piedra en los montes de Galicia. Me pareció una simple piedra, vulgar y corriente, pero tenía algo especial: cada vez que me sentaba en ella sentía una inmensa paz y tranquilidad. Sentía que nadie me podía molestar ni fastidiar - también puede que fuera porque estaba solo -.
Cada vez que estoy sobre ella me siento tranquilo. Además es muy cómoda. Mi padre también se sentaba, y mi abuelo y puede que mis antepasados también. Siempre me servía de apoyo con los problemas. Me encantaba estar ahí, y machacar hormigas. Cuando esto pasaba, me parecía increíble lo duras de pelar que son.
Pero esos momentos de tranquilidad se van desvaneciendo, cada vez tengo menos tiempo para dedicarlo a no hacer nada. Aun así, visito la piedra todos los años.
Iker Oyarbide DBH2-C
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