domingo, 18 de marzo de 2012

Las 18:27 de una tarde, en algún lugar de la ciudad





Mira el reloj, llega tarde. Unas calles más y está, pero ellas odian la impuntualidad. Eran conocidas por eso, nunca llegaban tarde. Semaforo en rojo. Baja de nuevo la mirada hacia su reloj. Verde. Pasa el paso de cebras, esquiva algún que otro coche, y está, lo está viendo, no va a llegar tarde. Ya se imajina a sus amigas echándole un sermon por haberlo hecho, unas palabras ya dichas de su propia boca. Cómo las conoce, y cuánto las quiere. 8 años van ya, 8 años desde que se conocieron. Y desde entonces, inseparables. Malos, buenos momentos, muertes, nacimientos, todo juntas, todo lo han pasado juntas, han tenido sus más y sus menos, pero han conseguido no separarse, nunca, cumpliendo esa promesa que un día hicieron. Cada una tiene sus vidas pero siempre encuentran un hueco en sus ajetreados horarios para verse. Nunca hay un no por respuesta a un pequeño encuentro entre ellas. Las llaman las Sugus, porque siempre van vestidas de colores y a veces cuesta tragarlas. Ya está, las ve. Tan guapas como siempre. Está Miriam, la mayor del grupo, abogada de buffetes. Única mujer entre todo hombres. Siempre se queja, pero en el fondo todas saben que le encanta su trabajo. Se ha hecho algo en el pelo, sí, se lo ha cortado. Le encanta su pelo, rizado y pelirrojo. Luego está Cristina, Cris, pelo corto, negro, con unos ojos espectaculares, probablemente la más sensible del grupo, médica. Y al final ahí esta, Diana. La más lanzada del grupo. Pelo largo, rubia, una increíble persona. Como no, trabaja en lo que más le gusta, los niños. Es profesora. Las tres ven al mismo tiempo a la chica que va hacia ellas, pelo largo, rizado y oscuro, con sus ojos color miel y su olor a vainilla, ingeniera, Paula.



Y de repente, salen del Starbucks en el que habían quedado tres hombres, conocidos para Paula. El primero que sale es Alan el Francés, como todos le llaman, novio de Cris. El segundo es Mario, el hermano de Miriam y marido de Diana. Y el último de todos, Alex. Tan guapo como siempre, con esa sonrisa tan maravillosa. Tiene un libro entre las manos, la tercera parte de su historia, la de los dos. La tercera parte de una de las etapas más duras de sus vidas. Cállame con un beso se llama. La tercera y última parte de una época muy dura, pero que al fin y al cabo, pertenece al pasado y es revivida en esos tres libros, dedicados a ella, Paula, una chica profundamente enamorada de su novio, Alex, escritor. Habían quedado en el Starbucks en el que la pareja se conoció. Y desde ahí comenzó su historia, gracias a un libro titulado Perdona si te llamo amor. Pero esa es otra historia y tiene que ser contada en otra ocasión.







6 años antes, en un lugar de la ciudad.








Se alegra mucho de haber quedado con ellas. Está feliz. Pasan una tarde entre risas, anécdotas del pasado y planes para el futuro. Cuando la noche está al caer las cuatro chicas se despiden y cada una se va por su lado, a sus respectivas casas. Pero entonces, Paula siente como un coche pasa a toda velocidad cerca de ella y ve que va descontrolado directo hacia Miriam. Paula le grita, la llama por su nombre, pero nada, Miriam tiene los auriculares puestos. Empieza a correr tan rápido como le permiten sus piernas pero es tarde. El coche ha llegado antes que ella y ahora sólo queda el cuerpo inmovil de Miriam en el suelo. Cris y Diana, que no se habían dado cuenta de lo que había pasado, al ver al conductor del coche que pasaba a toda velocidad por las calles de la ciudad cerca de ellas, empezaron a correr, pero no se esperaban lo que iban a encontrar; a Paula tirada en el suelo con Miriam entre sus brazos. Hasta que la ambulancia llega, Cris intenta que vuelva en sentido pero es inútil, todavía no ha aprendido todo lo que tiene que aprender. La ambulancia llega y se lleva a Miriam con las otras tres chicas, que no se quieren separar de ella. Pasan la noche en el hospital, y los padres de Miriam que estan de viaje, cogen el primer avión que había de vuelta a la ciudad. Por la entrada del hospital llegan ellos, Mario, Alan y Alex, con esa sonrisa tan maravillosa. Cris está fatal, ya que no pudo hacer nada la noche anterior por Miram, es médica, se suponía que podría haber hecho algo, pero no pudo. Al final, un médico sale de la habitación en la que está Miriam, está fuera de peligro pero el chico que le hizo eso va a tener que pagar un precio caro por lo que ha hecho. Las Sugus entran en la habitación, después de una noche de tanta tensión tienen ganas de volver a ver a la abogada, que tanto se queja de su trabajo pero que le encanta, volviendo a dar guerra.



Están allí, las ve. Las Sugus vuelven a estar unidas después de un año entero sin haberse visto. Oye voces. Pero son muy lejanas. Siente que le cuesta respirar. Apenas puede hacerlo. No abre los ojos. Sin embargo, una rendija bajo sus párpados le permite contemplar a sus tres amigas a su lado. Parecen muy alteradas. Gritan. ¿Es por ella?



Las quiere muchísimo. A las tres. Ellas son las Sugus, van vestidas de muchos colores y, a veces, son difíciles de tragar. Parece que fue ayer cuando las conoció. Y ha pasado… mucho tiempo.



¿Qué sucede? ¿Por qué no puede hablar? ¡Quiere gritarles que las quiere!



Le falta energía para hacerlo. ¿Y sus fuerzas? Se siente como…sin vida.



Esto significa que…



Su corazón se para. Sí, se acaba de detener. El fin de la mayor de las Sugus. Demasiado pronto. Demasiado… es la despedida de Miriam, que sonríe por dentro, aunque por fuera todos lloren a su alrededor.







6 años mas tarde, una tarde de marzo, en un lugar de la ciudad.







Se seca una lágrima. Lo ha vuelto a hacer. Se acerca a él y le da un beso en los labios. Luego los dos sonríen.



-        Imagino que esto es que te ha gustado.



-        Mucho.



-        Me alegro.



-        Tienes tanta imaginación…



-        No tanta. La mayoría está basada en hechos reales. Ya lo sabes.



-        Bueno, habría que contar las cosas que son verdad y las que te has inventado…



-        Si quieres cojo una libretita y las apunto.



-        No hace falta… te ha quedado fenomenal, como siempre.



Paula se levanta del sillón y termina de secarse las lagrimas.



-        Veo que te ha afectado.



-        Es que…, cada vez que recuerdo aquellos momentos, me entra una llorera. Eso sí, cuando Miriam se entere de que te la has cargado…



Alex se encoge de hombros y ríe.



-        ¿Crees que se enfadará?



-        Mañana la llamamos y lo compruebas.



-        Es que un libro no siempre puede terminar con final feliz y, aunque este está basado en tus últimos años de adolescencia, había que meter algunos retoques de ficción. Tu historia es digna de una novela pero hay que adornarla.



-        Si te comprendo…



-        Cuando los lectores lean Cállame con un beso, no sabrán qué es verdad y qué no.



-        Como pasa con los dos anteriores.



Y sonríe. Ella lo mira a los ojos y también lo hace. Le encanta. Y es que, por muchos años que pasen, nunca se cansará de esa sonrisa tan maravillosa.




Irene Garin. DBH2.D







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