martes, 27 de diciembre de 2011

Mi tío el anticuario




Yo tengo un tío de 48 años que desde hace mucho vive en Beasain con mi tía, y mis primos. Ël trabaja en una tienda de antigüedades a dos manzanas de su casa. La tienda tiene un aspecto bastante antiguo. Por fuera tiene fotos, diferentes cuadros, jarrones figuras y muchas cosas más. Por dentro tiene un color marrón oscuro. En la parte izquierda hay muestras de jarrones encargados de diferentes tierras, como Egipto, Japón, India, Rumanía...debajo de las muestras, en un mueble no muy grande, tiene muñecos para los más pequeños. Encima y al lado derecho de los jarrones tiene libros de hace muchos años. También conserva los fósiles que le regaló su padre cuando él era joven, porque a su padre le gustaba viajar y buscar fósiles de diferentes formas y tamaños. Pero como mi tío no está interesado e ellos, los tenia allí para poder venderlos y quitarlos de vista de una vez por todas.

En la parte izquierda de la tienda tiene un mostrador amplio con diferentes cosas como cuadernos y bolígrafos con dibujos. Demás, en un rincón hay postales con fotos de cosas, ciudades y también más de un coche. Un trozo de mostrador, en cambio, está vacío porque cuando la tienda era de su padre tenía puestas dos fotos de niños que estaban sonriendo. Los tenía puestos allí porque cuando los miraba en momentos difíciles le daban ánimos para seguir adelante. Pero a mi tío, como es de esperar, le parecía una tontería tener esas fotos en el mostrador y por eso las guardó en una caja.

Mi tío es un fanático de los coches. Desde joven le ha gustado conducir y comprar coches nuevos. Siempre suelen ser diferentes tipos de coches y marcas. Ahora también tiene la misma pasión por los automóviles... el problema es que se va convirtiendo en un vicio, por eso, los que compra no le duran una semana. Lo peo es que en la tienda le pasa algo parecido: cuando la gente va a mirar y a comprar cosas que tiene allí, él les empieza a contar el coche que se ha comprado e intenta vendérselo al que no lo necesita.

Al final, la gente empezó a decirle a mi tía que su marido en vez de parecer un vendedor d antigüedades tranquilo y no muy hablador, parecía más bien un vendedor de coches profesional, porque a todo el mundo le empezaba a soltar el mismo sermón de siempre. Por eso, al cabo de un tiempo empezó a quedarse sin amigos ni clientes. Toda la gente del pueblo decía lo mismo sobre él: que no sabía comunicarse con las personas, que siempre hablaba del mismo tema, y que nunca hablaba de una cosa que no estuviera relacionado con los coches, y que en general era un tío pesado e insoportable.

Mi tío, al darse cuenta de todo o que le estaba ocurriendo, empezó a preocuparse sobre qué le iba a pasar a partir de ahora. Estuvo unos cuantos días dándole vueltas a la cabeza obre esa pensamiento que tenía, pero no halló ninguna solución. Estaba tan preocupado que empezó a dejar de comer y salir a la calle. Lo peor de todo es que no quería comunicarse con nadie ni con nada. Al ver la situación de mi tío, su esposa y sus hijos también se preocuparon por su estado. Y eso también hizo que la tienda estuviese una temporada sin cuidado alguno. 

Un día, mi tía se hartó de ver a mi tío tumbado en la cama, con su almohada llena de lágrimas de desesperación. Lo primero que hizo fue mandarlo a la ducha porque llevaba tiempo sin lavarse. Luego le dio de comer para que pudiese reponer fuerzas. Después de alimentarlo con dos buenos platos y un pedazo de fruta, intentó animarlo con unos consejos, para intentar que mejorase. Esa tarde, mi tío volvió con fuerzas a la tienda y lo primero que hizo fue limpiarlo todo porque aquello, a primera vista, parecía un vertedero. Cuando terminó de limpiar todas las estanterías, los armarios y el mostrador,la tienda parecía un palacio real, por lo bien limpio que estaba todo. Mientras limpiaba el trastero encontró una caja medio abierta. En su interior había un bolígrafo con figuras de Egipto. A su lado, un cochecito de juguete, roto, un cuadro de Holanda con un montón de personas dibujadas en él, y por último, debajo de todo eso,estaban las dos fotos de los niños sonriendo, que había guardado porque para él no tenían mucha importancia. Se dtuvo un momento a mirarlas fijamente, y se dio cuenta de que su padre tenía razón: esas fotos le dieron ánimos para poder seguir adelante. Los otros objetos, menos el cochecito, los puso en las estanterías. Cuando miró el coche se dio cuenta de que ya era hora de hacer lo que más quería, que era ser vendedor e coches profesional, en vez de seguir en la tienda vendiendo unas cosas que sólo a los más viejos les gustaba comprar.

Unos días después de lo ocurrido, todo volvió a la normalidad. Todos sus amigos volvieron con él. En su trabajo nuevo como vendedor de coches fue un éxito absoluto. En un solo día consiguió vender más de 20 coches a diferentes familias, incluyendo la suya, porque decidió compra solamente un coche. Al final de todo, la gente acabó diciendo lo que mi tío parecía desde un principio: un vendedor de coches profesional. 



(un bolígrafo con motivos egipcios, una foto de dos chavales, un cochecito de juguete)

Héctor Guisasola

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