miércoles, 28 de diciembre de 2011

El niño indigente





Érase una vez un niño indio de 15 años. No tenía nada porque perdió a sus padre en la segunda guerra mundial. Era alto, flaco y con la cara pálida. El color de sus ojos era azul, y tenía la mirada muy triste. Vestía ropas rotas y viejas.



Vagabundeando conoció a dos buenos amigos: un mono y un elefante. El mono era muy gracioso y muy simpático, en cambio el elefante era muy alto, muy fuerte y muy amable.



Un día, mientras iba paseando por un pueblo de la India montado en el elefante, apareció el mono con un papel en la mano. El niño o cogió, lo miró, y se dio cuenta de que era el mapa de un tesoro situado en Roma. El niño se sentó encima del elefante y se dirigieron a Roma en busca del tesoro. Cuando llegaron allí se dieron cuenta de que no podían reservar  una posada porque no tenían dinero. Decidieron pensar un plan para conseguirlo. Pensaron, pensaron, pensaron, y al final dijo el niño:

-       ¿Por qué no nos sentamos y pedimos dinero a ver si nos echan algo?

-       Buena idea! - dijeron el mono y el elefante.



Se sentaron y se pasaron toda la tarde pidiendo. De repente, a lo lejos vieron una señora de mediana edad muy elegante. Cuando llegó la señora preguntó:

-       ¿Habéis comido algo?

-       No señora, no tenemos dinero! - respondió el niño.



A la señora le dio tanta pena que les dio mucho dinero, como para pagarse unos días en la posada. No se lo podían creer, el niño se lo estuvo agradeciendo mucho rato. Se pusieron tan alegres que fueron corriendo a la posada. El niño pagó todos los gastos de la  comida y de la estancia. Le sobraba un poco de dinero y pensó en ir a un mercadillo que estaba a unos metros de allí.  Cuando llegó vio un objeto en forma de U que al chocar contra una superficie hacía un sonido extraño.  Le gustó y se lo compró.



Se fueron a la posada porque ya era tarde. Al día siguiente fueron en busca del tesoro. Siguieron la ruta del mapa y llegaron a una cueva. La cueva era oscura y muy profunda. El  niño le dijo al mono:



-       Ayer fui al mercadillo y compré esto. Toma, cógelo, es un objeto que hace un ruido extraño. Voy a entrar en la cueva, y en el momento que veas a alguien sospechoso golpéalo contra la pared, yo oiré el sonido y me daré cuenta de que hay peligro.




El niño se adentró en la cueva y pasado un tiempo llego al final.

Encontró una cabeza de un antiguo rey de Roma esculpida en una piedra.

Y dijo:

-¿Esto es el tesoro?

Lo pensó detenidamente y decidió dejarlo allí.

Salió de la cueva y con sus dos buenos amigos emprendieron la vuelta a la India.


(el busto de David, el diapasón, una figurita de un elefante)


Ander Conchas

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